9/5/17

Una Iglesia de los pobres.


Quienes, como profetas sonrientes, proclaman con voz satisfecha ante las cámaras de televisión o en streaming o en los medios digitales que la auténtica Iglesia ha de ser pobre y de los pobres (en sentido material, tal vez porque no están dispuestos a prescindir de su humilde arrogancia) se afanan sin descanso por suscribir, fundar, mantener y ampliar concordatos, acuerdos, convenios, patronatos, fundaciones, sean públicas, privadas, mixtas o de cualquier otra identidad. De hecho, para que existan hospitales de campaña debidamente fotografiados, necesitan de innumerables ricos a quienes poder chantajear y extorsionar o, por el contrario, execrar entusiasmados las políticas que, empobreciéndonos más, justifiquen su solidaridad indignada. Su medio de vida -su modo de subsistencia- es gestionar la miseria. La misericordean encantados. Cuando invocan a los pobres, suelo estremecerme como si estuvieran tomando el nombre de Dios en vano. Pienso entonces en Léon Bloy, mísero y sufriente, franciscano, que escribió que él no era amigo de los pobres sino del Pobre y que había desposado por amor la miseria. Está claro que todo sería más fácil si no hubiera resucitado y tuviéramos tan sólo, a la medida de nuestros deseos y fantasías, el reflejo en usufructo de su espíritu.

4 comentarios:


  1. Seguro que Léon Bloy, además de "mísero y sufriente, sería, sino sonriente, un hombre sereno y tranquilo.

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    1. Por lo que cuenta su esposa murió con una extraordinaria serenidad y dulzura. En vida fue polémico, exaltado, insultaba por doquier, sableaba a los amigos, no tenía miedo a equivocarse, pero tuvo una de las mejores prosas de su generación y una apasionada lucidez de creyente.

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    2. Debería releerlo, pero creo recordar que Rubén Darío hizo un excelente retrato de Bloy en su libro "Los raros" (cuya versión digital gratuita se encuentra fácilmente en internet).

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  2. Preciosa entrada. Gestionan la Iglesia de los Pobres sin el Pobre.

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