22/3/17

Tú eliges tu identidad.



Ante las polémicas de «género» que nos sacuden diariamente, observo con claridad aterrada que no nos encontramos ante los albores de una nueva época, transhumana, rodeados de secuaces de Prometeo a punto de robar el fuego de dios(@s) para entregárselo a los hombres (y hasta a cuarenta y tantas identidades más, que no naturalezas), sino ante la repetición escatológica de la escena del conocimiento del bien y del mal en el Jardín: «seréis como Dios». A Nietzsche, que juzgaba un malentendido cualquier moral que predicase el perfeccionamiento, le habría enorgullecido -y enojado- saber que su diagnóstico profético ha empezado a prescribirse con implacable aristocracia. Comoquiera que nuestra época quiere librarse de Dios negando, con el género, la gramática de la Creación, nuestras democracias han decidido imponer como ley a las mayorías el instinto de unos pocos. Su lema soberano, demoníaco, es la respuesta desafiante a la voz de la Zarza Ardiente: Yo soy el que no soy. Abismales, se dedican a borrar con amoniaco el peso irrefutable de nuestra Caída. Puesto que la felicidad se identifica con el instinto, hoy en día el Ser debe re-presentarse en las Redes Sociales, en el Quirófano y en el Registro Civil.

14/3/17

Activar protocolos.



Cada vez que se produce un desastre natural o humano, previsible o imprevisto, da lo mismo, pues el impacto mediático hurga en él voraz, nuestra sociedad filistea, consciente de su angustiosa incompetencia crónica y de su neurótico afán controlador, anuncia la puesta en marcha de nuevos protocolos, como si fueran la pócima mágica -homeopática- que garantizase, como dicen sus adalides más cursis, el equilibrio entre libertad y seguridad. Los nuevos protocolos, organizados según el esquema de aplicativos, no recogen ya las normas que rigen una convivencia civilizada, consideradas hoy un freno hipócrita a la expresión de una autenticidad perfectamente estandarizada, sino que pretenden articular un conjunto más o menos sistemático de procedimientos y reglas, a ser posible ligeramente arbitrarios, con los que poner en manos de autoridades intermedias instrumentos de disuasión. Su eficacia es perfectamente descriptible. Aumentan exponencialmente los casos de los comportamientos que se quieren erradicar. Vgr. campañas de prevención de embarazos no deseados; campañas de sensibilización frente a la violencia doméstica, etc. Los protocolos, en fin, son a la ciencia social lo que la casuística a la moral. Cuando funcionan, suelen suplir la decisión moral concreta por una justificación que descargue de cualquier tipo de responsabilidad.

6/3/17

Tolerancia cero.



A JLC

Es precisa una entonación sensata, contrita, engolada, básicamente hipócrita, cuando se anuncia la firme intención a posteriori de no permitir que ciertos comportamientos no azarosos entorpezcan la buena marcha de los negocios de quienes detentan el nombre de las instituciones salpicadas. Las compungidas lágrimas de cocodrilo que suelen surcar sus grotescas muecas pretenden, por descontado, que se acepte, de buena fe, su desconocimiento de los sucesos sistemáticos que hasta las paredes de piedras denunciaban en voz alta. Deben extraerse jugosas lecciones de este lugar común. Como nadie es intolerante, la tolerancia -cuyo uso en el mundo laico resulta tan embriagador como en el eclesiástico el de la misericordia- admite grados cuya pureza radica entre el cero y el infinito. La «tolerancia cero», oxímoron cursi y despiadado, es el reverso de la tolerancia infinita. Es la máscara polichinesca del relajo consentidor. Sirve de autodisculpa literalmente irresponsable que cargue sobre las espaldas de inocentes el peso de un perdón pedido de forma apresurada y cínica. Normalmente da pie a otro lugar común especialmente temible: “Activaremos nuevos protocolos de prevención”. Que consiste en ficharnos como chivos ideológicos de depredadores sexuales o de delincuentes económicos. ¿O acaso tenemos algo que ocultar?

26/2/17

Generar sinergias y complicidades.



Cada época inventa las contraseñas que mejor la evocan. En un mundo legendario, de ladrones astutos y maravillas sin fin, la entrada al sancta sanctorum de las riquezas sin cuento se lograba con una orden directa y simple, perentoria y fascinada: “¡Ábrete, Sésamo!”. En un tiempo desgraciado, de máxima acción y nula narración, el imperativo, que de por sí es un modo dialogal, es sustituido por la tensa forma impersonal del infinitivo. En una producción infinita y casual, pura potencia especulativa, se requiere al máximo que cooperen para el delito varios órganos de una misma función -por ejemplo, hoy en día la universidad y la empresa-, en la búsqueda de unos efectos que se prevean imprevisibles y opulentos. Al Sésamo que se abría y se cerraba con el conjuro del significado le ha sustituido algún algoritmo arbitrario y eleusino como -otro ejemplo- qwerty123$%, a ser posible con mayúsculas y más símbolos no alfabetizables. La misma codicia mueve sendas historias de la Caída. En un caso, vibraba voluptuosa la melancolía de un Edén recobrado y subterráneo. Ahora, virtual, la frenética y desesperanzada carrera de azarosos efectos agregados cancela ex nihilo el éxtasis de la creación.

18/2/17

Stop violencia!



Con esta horrenda amalgama sintáctica y ortográfica la buena voluntad del filisteísmo ambiental se disfraza para su carnaval represivo. Dado que no existe verdad, cada caso es universal. ¿O es que acaso le puede repugnar a usted que cuelguen a un gato de un olivo y estar a favor de que se celebren las corridas de toros? Sin matices, lo mismo y lo idéntico se confunden. "Ni una agresión sin respuesta" y "paremos la guerra" se convierten en eslóganes intercambiables. Cualquiera se atreve a abroncar a un crío por cruzar libremente la calle tras una pelota. ¡No se altere usted! Por un cardenal en su muslo, será usted presuntamente interrogado. Que da la lata en el cole, atibórrele a pastillas. ¿O le prefiere infeliz? Cuatro niños se pelean por una pelota en el recreo: prevengamos los casos de bullying. Que una niña aparece ahorcada en su cuarto, ¡uy, han fallado los protocolos de prevención! Cuatro energúmenos irrumpen en una conferencia o queman una bandera, ¡libertad de expresión! Una persona contrargumenta civilizadamente las paridas de un@ psicopedagog@, ¡ay, pobre, padece un bloqueo emocional! Sedados, alienados, alineados, cualquier atisbo de resistencia será eliminado. Y la violencia -su pornografía- triunfará completamente.

10/2/17

No es no.



A las falsas disyuntivas como la que plantea “¡sí o sí!” les siguen inevitablemente, como epítome, las tautologías equívocas. Al afirmar que “no es no” se asume implícitamente que "¡sí o sí!" otro objetivo. En el evangelio de Mateo, Jesús ordena a sus discípulos no jurar. “Sit autem sermo vester: «Est, est», «Non, non»”. Entre el no y el sí rotundamente no hay conveniencia. Lo que uno niega, no es. Lo que afirma, es. Es propio de una sociedad que cree en lo convencional de las significaciones confundir la semántica con la ontología. Una afirmación o una negación pueden deberse a motivaciones, intenciones o causas diversas, pero reducirlas a sí mismas no tiene otra función masturbatoria que, bajo la forma de la coherencia, sustraerlas y ocultarlas para poder hacer lo que ahora es y no es. Es esta una ley fundamental de nuestros filisteos, que los políticos practican con virtuosismo y que podríamos enunciar como principio de no no contradicción: las cosas son y no son al mismo tiempo. Ejemplo: los derechos humanos son universales y dependen de cada cultura. Jamás una adversativa. Todo suma. Es una consecuencia del multiculturalismo que ahora llaman posverdad.

2/2/17

¡Sí o sí!



Pues no. Nuestros filisteos prosperan planteando falsas disyuntivas que se reducen a una solución decidida de antemano, indiscutible. ¡En pleno siglo XXI! ¿A quién, si no a talibanes, se les puede ocurrir contrariarlas? Contra cualquier forma de discriminación, sin matices, ¡sí o sí! ¿A que sí? A favor de la salud, ¡sí! A favor de la educación, ¡sí! A favor de la felicidad, ¡sí! Conclusión: sí al aborto y a la eutanasia, porque sobre tu cuerpo decides tú; sí al Estado educador, porque tus hijos son de todos y de cualquiera; sí a lo que te salga de los genitales, porque ¿qué otra razón de peso se puede oponer? Te lo costeamos. Te lo regulamos. J. Este lugar común se enunciaba antaño, desconsiderado, así: ¡O por las buenas o por las bravas! El progreso ha sido fulgurante: hoy por las bravas -en política, ni te digo, antidemócrata- se hace todo bien, de maravilla, porque nada bueno se puede hacer por las bravas. Afirmativos, propositivos, proactivos, debemos avanzarnos, contorsionistas y sonrientes, a procurar la realización de cualquier posibilidad que desmienta lo que hasta hoy se haya podido pensar y sentir, que no es sino una rémora reaccionaria. ¿A que no?